El gran capital convierte un derecho humano y bien común como el agua en artículo para la especulación financiera y los mercados de futuros

CRONICÓN.NET /

“El agua empieza a cotizar en el mercado de futuros junto al petróleo y el oro”, fue el anuncio que el pasado lunes 7 de diciembre se dio al mundo por parte del rapaz capital financiero internacional, desde la emblemática vía de Wall Street, donde se levanta el vetusto edificio de la Bolsa de valores de Nueva York.

“Nadie en el mundo se ha hecho más consciente del valor del agua que el sector privado, que ve los beneficios que se pueden obtener del hecho de que este recurso sea un bien escaso. El resultado es un fenómeno completamente nuevo: el negocio del agua”, escribían en 2004 los activistas canadienses y premios Nobel Alternativo Maude Barlow y Tony Clarke en el libro el Oro azul.

En este trabajo bibliográfico publicado en 2003 se detalla el robo organizado del agua por parte de las transnacionales en varias regiones del mundo y se analizan los procesos de mercantilización del líquido vital como su venta embotellada, la generación eléctrica a través de hidroeléctricas, la producción de alimentos, el uso por parte de las industrias, la privatización de los suministros urbanos, la desalación o los trasvases, entre otros.

“El agua se ha convertido en el recurso más codiciado del planeta. El mundo de las finanzas quiere imponer su revolución para supuestamente salvar a la humanidad: aumentar el precio del agua y crear mercados como el del petróleo”. Esta es una de las reflexiones que se hacen en el documental francés Los señores del agua, emitido en el mes de marzo 2020.

En un planeta como la tierra donde el agua supone el 70% de su corteza, las alternaciones climáticas, así como determinados usos abusivos y contaminantes, están provocando problemas de acceso cada vez mayores en muchas regiones. Ante esta escasez, justificación que se repite una y otra vez, los mercados financieros han decidido que la cotización en Wall Street ya no puede esperar más. Gestión de riesgos, sequía excepcional, precios, crecimiento, escasez o valor son conceptos que reiteran las crónicas que anuncian la reciente creación del Nasdaq Veles Califonia Water Index, el índice que mide la evolución de los precios del agua.

Un derecho humano convertido en negocio

Este anuncio de los especuladores financieros constituye sin duda un signo aciago para la humanidad. Baste reflexionar que por la disputa de otros bienes, mercancías y materias primas que actualmente cotizan en bolsa –oro, petróleo, trigo– ha habido guerras e invasiones, las potencias hegemónicas han intervenido países, imponiendo dictadores, generando codicia y miseria, y da mucho que pensar respecto de la manera en que el agua se disputará en el inmediato futuro. En vez de buscar soluciones a su escasez inminente por la depredación y contaminación de los ecosistemas, sorprende que la respuesta sea poner en subasta el acceso al agua. Esa es, en definitiva, la “economía de mercado” sustentada en el modelo neoliberal que domina el mundo y que convierte en mercancías todos los aspectos que atañen a la vida, edificando una sociedad basada en el dominio financiero.

Cotizar el agua en las bolsas de valores significa prácticamente ponerle precio a la vida. El agua como lo establece la Constitución del Ecuador que impulsó el expresidente Rafael Correa (artículos 12 y 411) es un derecho, debe ser para los pueblos y no para las transnacionales.

Transnacionales buscan adueñarse de los afluentes de agua en el mundo

Según explican los medios especializados en economía y finanzas, la entrada en el mercado de futuros, donde ya están otras materias primas como el trigo o el petróleo, pretende establecer el precio del agua en un momento determinado para que quienes la usan, en este caso los agricultores o las empresas del agronegocio del estado de California, puedan establecer su valor comercial con antelación y así evitar sobresaltos en sus planificaciones económicas. Además, aunque a priori el precio o el índice se circunscriban a este estado norteamericano, servirá de referente para el resto de mercados de agua del mundo.

Al convertir el agua en un commodity, para utilizar el término anglosajón que describe una mercancía destinada a uso comercial, significa que las transnacionales y el capital financiero van camino de apropiarse de los afluentes y nacimientos del recurso líquido en buena parte del mundo para que el valor de este bien común quede sujeto al arbitrio del mejor postor. Igualmente, el capitalismo financiero internacional amplía su portafolio privado de especulación a nivel global. Implica además que grandes capitales y los países más poderosos pugnarán por el control físico de los reservorios y principales fuentes hídricas. En el caso de América Latina, las multinacionales ya no solo vendrán a disputarse áreas geográficas para la mega-minería sino ahora les pondrán el ojo en los páramos, acuíferos y zonas fluviales.

Lamentable además que al descartar y desestimar al agua como un derecho humano, patrimonio estratégico de los pueblos, y convertirlo en mercancía, el gran capital financiero haya hecho de la crisis climática que afronta la humanidad un filón de especulación y de negocio, como ha ocurrido con ese embuste denominado ‘Economía Verde’. Ante este triste panorama, resta esperar entonces que lo próximo a privatizar sea el aire…

Es paradójico que el capitalismo neoliberal que dice defender la propiedad, lo que hace es apostar por la desposesión de la vida: el 1% de los superricos del mundo se apropia del agua y de todos los bienes comunes de la naturaleza, especulando sobre su valor futuro, el cual subirá al ritmo de la deforestación, la desertización y contaminación del planeta.

Urge, en consecuencia, un movimiento internacional con sentido social y ecológico para exigir a los responsables y negacionistas de la crisis climática acciones concretas y compromisos vinculantes para frenarla e impedir la utilización de los recursos naturales que son bienes comunes, como viles fuentes de negocio y nichos de especulación. Porque así como va el mundo, dominado por la codicia y el expolio de un sistema económico rapaz, cuando todo sea privado, nos habrán privado de todo.

La lógica del mercado

“El agua tiene un conjunto de valores vitales para nuestras sociedades que la lógica del mercado no reconoce y, por tanto, no puede gestionar adecuadamente, y mucho menos en un espacio financiero tan propenso a la especulación”. Así se manifestó Pedro Arrojo, relator especial de Naciones Unidas para el derecho humano al agua y al saneamiento, una vez conocido el anuncio de Wall Street. A través de sus redes sociales, el funcionario hizo un llamamiento de alerta y convocó a gobiernos y parlamentos de todo el mundo a iniciar un debate global sobre los valores del agua, “que no se pueden gestionar desde la lógica del mercado”.

La mercantilización y privatización del vital recurso se anuncia cuando el mundo afronta una grave y desigual distribución del agua. La escasez afecta a más del 40% de la población mundial, unos 3.000 millones de personas, según los datos de Naciones Unidas, que prevé, además, que el porcentaje aumente debido a la sobreexplotación de muchas cuencas. El uso del agua ha aumentado anualmente el 1% desde los años 80 del siglo pasado y, como recoge el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2019, se espera que la demanda siga aumentando a un ritmo similar, por lo que para 2050 se podría estar usando entre un 20 y un 30% más que las cantidades actuales. La actual emergencia climática, con mayores sequías y lluvias torrenciales, ahonda esta tendencia y la distribución desigual.

La importancia del agua en la agricultura

Entre un 70 y 80% del consumo de agua mundial está dedicado a la agricultura, así que no extraña que la entrada en el mercado de futuros de Wall Street del líquido azul esté relacionada con esta actividad económica.

Para que el mercado funcione, el gran capital busca asignar el agua a usuarios privados a través de derechos, concesiones o permisos. Consecuentemente, lo que se compra y se vende en los llamados mercados de futuro son esos derechos. Es decir, se vende el derecho a usarla.

El mercado de futuros anunciado está de momento circunscrito a California, pero su efecto pronto rebasará las fronteras. Para el relator de la ONU, por ejemplo, los mercados son espacios “donde se generan grandes negocios a base de especular con las necesidades básicas de la gente e hipotecar a las generaciones futuras, induciendo y exacerbando, en un pasado no muy lejano, hambrunas y quiebras de economías vulnerables”. El ejemplo clásico es el de la crisis alimentaria de los años 2007 y 2008.

Ya lo había anticipado el Banco Mundial, al señalar que hablar de agua es aludir a la economía. “El crecimiento económico depende del agua. El agua es un factor vital para la producción, por lo que la reducción de sus existencias puede reflejarse en una desaceleración del crecimiento económico”. A partir de ahora, entonces, hablar de agua, un derecho humano, un bien común de la humanidad, es aludir también para desgracia de quienes habitan el planeta tierra, de especulación, de fondos de inversión y de mercados de futuros. A esto es lo que ha condenado a la humanidad un modelo económico sustentado en el expolio como el neoliberal.

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